De un SMS a la cama

Lic. Sanchez Vicario (La Otra Mirada)

Lic. Sanchez Vicario (La Otra Mirada)

El portal CNN en español publicó una encuesta en Facebook preguntando a su lectores dónde comienza la línea de infidelidad. ¿Inicia al fantasear, coquetear, comunicarse en Internet, abrazarse, besarse o tener relaciones sexuales?

Recibieron más de 2.000 respuestas y, al cierre, la mayoría de los encuestados dijo que uno puede engañar sin tener contacto físico. En general, colocaron mucho poder en el aspecto mental del amor.

Los resultados, uno por uno

* El 47% de los lectores afirmó que la infidelidad puede comenzar cuando las personas envían correos electrónicos y mensajes de texto sin el conocimiento de sus parejas.

* Tener relaciones sexuales fue la segunda elección más popular, pero solo obtuvo el 20% de los votos.

* Otras formas de contacto como besarse (13%) y abrazarse (menos de 1%) fueron seleccionadas en menor frecuencia.

* El 11% de los participantes señaló al comportamiento de coqueteo como punto inicial.

* Las fantasías obtuvieron el 8% de los votos en la encuesta.

“Creo que andar a escondidas y mentir lo hace una infidelidad tanto como el sexo”, opinó una lectora, Jean Timmels. “Besarse, per se, no significa nada”, agregó Michael Wilson. “La infidelidad empieza cuando pensás en eso”, dijo Belinda Lipscomb, “porque a donde van tus pensamientos, pronto irán tus acciones”.

La Republica Argentina, paraíso criminal

Nota: Lic Sanchez Vicario (La otra Mirada)

Nota: Lic Sanchez Vicario (La otra Mirada)

Es el último capítulo de la séptima temporada de Smallville. El villano de turno, Edward Teague, huye de Estados Unidos a bordo de un jet privado y Kara Kent, la sobrina de Clark, lo intercepta con la pregunta que todo guionista debería hacerse: “¿Por qué las personas en problemas van a Sudamérica?”.

En general, el cine y la TV del hemisferio norte parecen una industria de clichés. Y, en el reparto de roles, Italia se quedó con la mafia, Colombia con los narcos, de México salen los jardineros y sirvientes, la alegría es solo brasileña y parece que Argentina es un paraíso criminal. El polo sur de legalidad, ese lugar lo suficientemente lejano, exótico e inhóspito como para dejar huir la fantasía delictiva.

El primer recuerdo que tengo de una ficción que asocia el crimen con nuestro país es un capítulo de El superagente 86. Maxwell Smart y la 99 investigan el escondite de una poderosa “bomba sónica”, pero son secuestrados por agentes de KAOS, quienes les vendan los ojos y las manos y les hacen creer que los transportan hasta Buenos Aires, para despistarlos sobre la ubicación real del artefacto. Se dan cuenta del engaño cuando escapan y descubren que siguen en Washington. “Me habían dado ganas de comer un churrasco”, se lamentaba 86. Cuando el fake trip pampeano del superagente salió al aire, en octubre de 1967, Juan Carlos Onganía llevaba casi un año al frente de la dictadura que derrocó a Arturo Illia.

Pero el lugar común del mainstream mediático hacia nuestro país es el de ser refugio de nazis. “Argentina tiene las mejores carnes. y nazis”, dicen durante una comilona en el film Mientras dormías (1995). Los seguidores del Führer que no fueran científicos o doctores venían para acá, según Costa-Gavras en Amén (2002). “Les dije a todos que no viniste a mi graduación porque estabas cazando nazis en Argentina”, revela Maya Gallo a su padre en un episodio de Just Shoot Me! Sara, uno de los personajes de la serie White Collar, aterriza aquí tras la pista de un tesoro del Eje. ¿Y dónde creen que el “Soup Nazi” de Seinfeld encontró asilo luego de que Elaine destruyera su carrera culinaria al revelar las recetas de sus deliciosas sopas? Incluso un joven Magneto, en X-Men: Primera generación (2011), vino tras un par de jerarcas escondidos en una Villa Gesell ¡con montañas y nieve! (uno de los más grandes epic fails geográficos en la historia de Hollywood).

Ni en los dibujos animados nos salvamos. Los malvados Blue Meanies nos pensaron como guarida luego de ser derrotados por los Beatles en Yellow Submarine (1968). Y en Las chicas superpoderosas hay una estafadora llamada “Madame Argentina”.

Cuando no cobijamos criminales de guerra, esta es patria de sofisticados malandras como Gustav Graves (el “Bond villain” de Otro día para morir, que se crió en nuestro país trabajando en minas de diamantes) o de narcotraficantes como la banda de Los sospechosos de siempre (1995) y Carter Verone (el zar de las drogas en +Rápido +Furioso ).

Es que acá no hay ley, che. Phoebe Buffay cantó la justa una vez en la cafetería de Friends: “Hay un país llamado Argentina / Es un lugar que nunca vi / Pero me dijeron que por cincuenta pesos / Podés comprar un bazo humano”.

Mientras escribo estas líneas, el canal FX estrena un capítulo de Dexter titulado “Argentina”, quizás el que mejor nos define como fantasía escapista. El serial killer más simpático de Miami tiene un romance con la ex novia y cómplice de un asesino que dejó un reguero de cadáveres en tres estados. La pareja, en ese entonces, soñaba con fugarse a estas tierras para vivir tranquila “en una granja”.

“Todos quieren una Argentina, un lugar para empezar de cero -dice Dexter Morgan en off, entre imágenes de diversos personajes de esta temporada que sueñan con un borrón y cuenta nueva-. Pero la verdad es que Argentina. es solo Argentina. No importa adónde vayamos, nos llevamos a nosotros mismos y a nuestro daño”.

Edward Teague casi cumple su sueño, pero tuvo la mala leche de cruzarse justo con la sobrina de Superman. Escenas antes de que la furia kryptoniana volara por el aire su éxodo sudamericano, sacó su pasaporte falso y, por un segundo, contempló su fresh start: Alejandro Santos, de La Plata, Argentina.

Intelectuales analizan el fenomeno del “Gangnam Style”.

Todos ensayan movimientos exacerbados al ritmo del baile del caballo. Lo más difícil no es aguantar la imagen repetida de las masas en el dance floor improvisado de la fiesta en cuestión. El problema es la hipnosis que ejercen los Marcelo Tinelli, los Carlos Monti y más conductores sin gracia, a la hora de intentar el hit mundial “Gangnam Style”. El clip bastoneado por un rapero coreano llamado Psy, que logró la búsqueda en YouTube más imponente de todos los tiempos –750 millones de visitas, por ahora–, logró convertirlo en el hit del momento y en casi una estrella internacional. Y no sólo el mundo profano se ve reflejado en el engominado muchacho bailarín. La intelectualidad también da cuenta del fenómeno musical de esta era.

El que dio el primer paso –y no del caballo– fue el célebre lingüista Noam Chomsky. Casi como Marlon Brando en Superman, el capitoste del MIT deslumbra durante unos pocos segundos en el clip que realizaron estudiantes de esa casa de altos estudios. En la parodia del video se lo ve a Chomsky sentado, dándole unos sorbos a su té, para luego depositar la taza y decir: “Oppan Chomsky style”. Cualquier desprevenido hubiera esperado la palabra sacra del profesor, exponiendo su mirada crítica sobre los medios de comunicación masiva o algún otro tema de su autoría. Para nada. “Estuve contento de pasar unos minutos con los chicos, divirtiéndome”, señaló Chomsky cuando se lo cuestionó al respecto. El editor y director del clip Eddie Ha dijo que el lingüista de 83 años aceptó al instante, y que le confesó que sus nietos adorarían verlo allí. También participaron otros profesores, entre ellos, Eric Lander, una de las principales cabezas del Proyecto Genoma Humano.

El artista inglés de origen indio Anish Kapoor también usó la canción pero, según él, para fines altruistas. Junto a 250 personas relacionadas al mundo de la cultura del Reino Unido, todos bailan al ritmo del caballo en pos de la libertad de expresión en China y en solidaridad con el artista Ai Weiwei. En una sucesión que avasalla, los grandes museos internacionales y sus caras visibles sacuden sus caderas al son coreano. Hasta el escritor paquistaní Hanif Kureishi deslumbra desde la pantalla con ritmo perfecto.

Amigos eran los Amigos: Cuando una persona se enamora pierde dos amigos en promedio

Un estudio de la Universidad de Oxford aseguró que el círculo íntimo de los amantes se reduce en forma drástica cuando deciden unirse. Por qué se produce el deterioro de la amistad.

Los investigadores de esta casa de altos estudios inglesa presentaron su trabajo en el Festival de Ciencia británico en la Universidad de Aston, y estiman que en breve será de dominio público. Según sus conclusiones, cuando una persona se enamora pierde en promedio dos amigos de su círculo más cercano, que suele estar formado por una media de cinco individuos.

“Las personas que están en relaciones amorosas en lugar de tener el típico círculo de cinco (amigos) en promedio, sólo tienen cuatro”, sostuvo el profesor de Antropología evolutiva en Oxford Robin Dunbar. Y agregó: “Teniendo en cuenta que una de esas es la nueva persona que ha llegado a su vida, significa que han tenido que renunciar a otros dos” amigos.

El primer paso del trabajo fue un análisis a las actuales redes sociales. El grupo del profesor Dunbar concluyó que el círculo más íntimo de amigos que puede tener una persona está formado por entre cuatro y seis individuos, aquellos a los que se ve al menos una vez por semana y/o a los que se recurre en los tiempos de crisis.

Frente a estos resultados, se encuestó a 540 participantes mayores de 18 años sobre sus relaciones amistosas y cómo éstas cambiaron cuando se inició un vínculo romántico.

“La intimidad de una relación -y el compromiso emocional con ella- se relaciona con frecuencia con sus interacciones con otros individuos. Si no ves a tus amigos, el compromiso emocional comienza a caer muy rápidamente (…). Lo que sospecho que ocurre es que su atención está tan completamente centrada en la pareja romántica que simplemente no llegan a ver a otras personas con las que tienen mucho que ver, por lo que algunas de estas relaciones (amistosas) comienzan a deteriorarse“, explicó Dunbar, de acuerdo a lo publicado por el sitio web venezolano El Nacional.

Según dijo, al menos un familiar y un amigo dejan de tener contacto directo y constante con el integrante de la nueva pareja con el que tenían un vínculo estrecho.

Paulo Coelho y su “Valkirias”

El reconocido escritor Paulo Coelho acaba de lanzar Las Valkirias, un nuevo libro de Editorial Sudamericana. Confiesa que ha sido difícil de escribir porque revela episodios y sentimientos personales. Entre otras cosas, repasa dos conceptos fundamentales en su vida y en la de todos nosotros: el éxito y el fracaso.

¿Cómo vivimos el éxito y el fracaso?

Tendemos a culpabilizarnos muchísimo cuando tenemos éxito y, también, nos culpabilizamos cuando no tenemos éxito. Las culpas están siempre presentes y cuando vivimos una experiencia muy positiva, decimos: “creo que no lo merezco”. Personalmente, tuve la experiencia de pasar 40 días en el desierto y pude vivir eso, romper el ciclo de éxito-culpa, culpa –éxito. Fue muy importante para mí.
¿Y la sociedad aprendió a romper ese ciclo?

No creo  que lo hayamos aprendido. Mucha gente  asocia el sufrimiento con una bendición y el placer con la maldición. Asocian el “sí” como una bendición y el “no” como una cosa negativa. La verdad es que en esta sociedad  tenemos que decir “sí”, pero también  tenemos que decir “no”. Entonces, podremos vivir con placer y con alegría.
¿Qué lugar ocupa la religión en esos sentimientos?

Tenemos una tendencia al sacrificio, a repetir los tres días de la vida de Cristo sin llegar a la pasión. Nos olvidamos de que pasó todo el resto de su vida comiendo, bebiendo,  caminando, viajando y encontrando a la gente. Entonces, es tan fuerte el peso de la cruz que nos olvidamos de la alegría del vino y del pan.
¿Por qué destruimos siempre lo que amamos?

Destruimos lo que amamos por culpa. Creo que todos nos preguntamos: “¿lo merezco?”. Y siempre contestamos “no, no lo merezco”. Somos educados para tener culpa de todo y hay que desertar eso.
¿Cómo podemos aceptar el perdón?

Tenemos que comprender que erramos  pero que errar es de humanos. No tenemos que sentir culpa por errar, sólo se equivocan las personas que tienen el coraje  de hacer algo distinto. Hay que decir: “y, bueno, me equivoqué pero mi corazón estaba puro”. Primero te perdonás a vos mismo  y después le pedís perdón a los otros.
¿Cuál es la batalla que cada uno debe librar en su interior?

Creo que la gran batalla es con nosotros mismos. Es la batalla más difícil y más complicada, porque siempre decimos que el enemigo es el otro, nunca nosotros. Y, bueno, para vencer hay que ganar el combate con uno mismo.
¿Cómo podemos alcanzar el equilibrio en un mundo tan complejo como  el actual?

Yo no busqué el equilibrio. Alrededor nuestro hay invierno, hay verano, hay frío y hay calor. El mundo no es equilibrio y a mí no me interesa el equilibrio. Me interesa vivir caminando,  es lo que hace a la vida más interesante.

A los hombres les gustan las mujeres con pies pequeños

A los hombres les gustan las mujeres con pies pequeños, incluso cuando no pueden ver sus pies. Podemos discutir si este punto es cierto o no, pero un reciente estudio sobre rostros femeninos puede aclarar la cuestión.

Si el lector es varón (presumiblemente la mayoría de los lectores de esta web son varones) puede ponerse a prueba con la foto adjunta. ¿Cuál de las dos caras le parece más atractiva, la de la izquierda o la de la derecha? Tómese un tiempo para elegir antes de seguir leyendo.

Resulta que la mayoría de los hombres heterosexuales eligen a la mujer de la izquierda. Cada una de esas imágenes es una composición computacional, o morphing, hecha a partir de un promedio realizado sobre un grupo de rostros de mujeres reales.

Lo que es sorprendente es el criterio de clasificación de esos dos grupos: el tamaño de los pies. La foto de la izquierda está compuesta por un grupo de mujeres con los pies inusualmente pequeños y la de la derecha por un grupo de mujeres con pies inusualmente grandes.

Al parecer, las mujeres con pies pequeños tienen caras más bonitas, al menos según los hombres participantes en el estudio (el lector puede probar a realizar su propio estudio entre sus conocidos). Jeremy Atkinson y sus colaboradores de la Universidad de Albany (New York) han realizado estos dos morphings, que califican como los dos más notablemente distintos que han visto hasta el momento.

El grupo de Atkinson midió la longitud de las manos, de los pies, del fémur, de la cadera y de otros parámetros anatómicos de 60 estudiantes universitarias y ajustaron cada medida para tener en cuenta diferencias individuales en el tamaño promedio.

Para cada una de las 16 medidas anatómicas seleccionaron 8 mujeres con las medidas más largas y más cortas, construyendo un morphing promedio de los rostros para cada grupo.

Entonces, un conjunto de 77 varones heterosexuales puntuó el atractivo de cada uno de ellos. Los hombres fueron tres veces y media más proclives a elegir el morphing correspondiente al grupo de pies pequeños como el más atractivo frente a su contrapartida.

A diez frente a uno le parecía además más femenino. De manera similar, 11 veces más varones elegían el morphing correspondiente a las caderas más estrechas y 8 veces más varones elegían el morphing correspondiente a largos muslos frente a sus contrapartidas correspondientes.

El estudio fue presentado en el congreso sobre comportamiento humano y evolución social celebrado recientemente en Eugene (Oregón).
Atkinson cree que los hombres encuentran estas características atractivas porque sirven como indicadores de una infancia sana.

Los biólogos saben que el estrés y una nutrición pobre durante el desarrollo fetal y la infancia pueden afectar a los niveles de las hormonas sexuales y provocar una pubertad anticipada. Esto puede dejar a algunas mujeres con un fémur más corto, mientras que una infancia benigna permite que siga creciendo, alcanzándose un cuerpo más esbelto y una cara y un cuerpo más estereotípicamente femeninos que los hombres encuentran más atractivo.

La idea tiene sentido, ya que los cuerpos y los rostros están modelados por las mismas hormonas, así que en teoría se puede predecir el atractivo de una parte del cuerpo basándose en otra. Pero al contrario no se reproducen los mismos resultados.

Los investigadores hicieron lo mismo con 67 hombres y solicitaron a 82 mujeres que puntuaran el atractivo y masculinidad de los morphings obtenidos a partir de ellos.

Se basaron en el mismo tipo de medidas anatómicas. Las mujeres eligieron como más atractivo el morphing correspondiente a los hombres con el torso más ancho, pero también puntuaron como más atractivo el morphing correspondiente a muñecas pequeñas.
Según Atkins las mujeres carecen de una preferencia consistente, porque un hombre masculino y fuerte puede ser una mezcla afortunada, evolutivamente hablando.

Si una mujer van a por el macho alfa obtendrá buenos genes para su descendencia, pero quizás no tengan ayuda a la hora de criar a los niños que obtengan de él. Un hombre que no sea macho alfa, será más benefactor para su familia y, aunque no tenga tan buenos genes, puede tener más éxito reproductor al cuidar más de sus hijos.

La estrategia del macho alfa es desperdigar sus genes al máximo con la esperanza de que alguno prospere, mientras que los demás cuidarán mucho de la poca descendencia que tengan.
En este experimento el doble de mujeres juzgó que el morphing correspondiente a la muñecas gruesas era más propenso a tener sexo sin amor, pero el mismo resultado se obtenía para el morphing de muñecas pequeñas cuando se preguntaba a las mujeres sobre el mejor candidato para una relación a largo plazo.

Nota: Lic. Sanchez Vicario. (filosofia barata y zapatos de goma)

Un curioso experimento que estos investigadores no hicieron, y que el lector puede realizar, es mostrar la foto adjunta a mujeres para que juzguen su atractivo, curiosamente también prefieren el rostro de la izquierda.

¿Por qué los humanos ganaron la carrera evolutiva?

La evolución humana presenta un rompecabezas. Nada parece explicar el repentino despegue de los últimos 45.000 años, la conversión de uno entre muchos simios depredadores en un dominador del planeta con tecnologías en constante progreso. Una vez que ese “progreso” comenzó a producir nuevas herramientas, diferentes formas de vida y florecientes poblaciones, se aceleró en todo el mundo, y culminó en la agricultura, las ciudades, el alfabetismo y todo lo demás. Sin embargo, todos los ingredientes del éxito humano —fabricación de utensilios, cerebros grandes, cultura, fuego, incluso el lenguaje— parecen haber estado presentes medio millón de años antes y, sin embargo, nada ocurrió. Durante cientos de miles de años, los utensilios se hicieron con el mismo diseño monótono y el impacto ecológico de los seres humanos fue mínimo. De repente —¡boom!— explotó la cultura, comenzando en África. ¿Por qué en ese momento, por qué allí?

La respuesta radica en una nueva idea, que proviene de la economía, conocida como inteligencia colectiva: la noción de que lo que determina la inventiva y el ritmo del cambio cultural de una población es el volumen de interacción entre individuos. Esta idea mantiene la esperanza de que la raza humana prosperará poderosamente en el futuro, porque las ideas están practicando el sexo entre ellas más que nunca.

Cuando más descubren los científicos, más grande se hace el rompecabezas de la evolución. La propia fabricación de utensilios se ha retrotraído al menos dos millones de años, y las herramientas modernas surgieron gradualmente en el espacio de 300.000 años en África. Mientras tanto, ahora sabemos que los Neandertales tenían cerebros más grandes que los nuestros y heredaron las mismas mutaciones genéticas que nos facilitan el habla. Sin embargo, a pesar de sobrevivir hasta hace 30.000 años, apenas inventaron nuevos utensilios, por ni que hablar de granjas, ciudades y dentífrico. Los Neandertales demostraron que es bastante posible ser seres humanos inteligentes e imaginativos (enterraban a sus muertos) sin experimentar progreso cultural ni económico.

Hasta ahora, los científicos han estado buscando la respuesta a este acertijo en el lugar equivocado: dentro de la cabeza humana. La mayoría esperó encontrar algún tipo de gran avance genético o neural que causó “un big bang de la conciencia humana”, una prometedora mutación para que la gente pudiera hablar, pensar o planear mejor, colocando a la raza humana en el camino de la innovación continua y exponencial.

Pero la sofisticación del mundo moderno no radica en la inteligencia individual ni en la imaginación. Es un esfuerzo colectivo. Nadie —literalmente nadie— sabe cómo hacer el lápiz que está encima de mi mesa (como indicó en una ocasión el economista Leonard Read), y mucho menos la computadora con la que estoy escribiendo. El conocimiento de cómo diseñar, extraer, sintetizar, combinar, fabricar y vender estas cosas está fragmentado entre miles, a veces millones, de mentes. Una vez se inició el progreso humano, ya no estuvo limitado por el tamaño del cerebro humano. La inteligencia se hizo colectiva y acumulativa.

En el mundo moderno, la innovación es un esfuerzo colectivo que depende del intercambio. Solemos olvidar que el comercio y la urbanización son el gran estímulo de la invención, mucho más importantes que los gobiernos, el dinero o el ingenio individual. No es coincidencia que ciudades obsesionadas con el comercio —Tiro, Atenas, Alejandría, Bagdad, Londres, Nueva York, Tokio— son los lugares donde ocurrieron la invención y el descubrimiento. Piense en ellas como si fueran cerebros colectivos bien dotados.

La agricultura fue inventada cuando la gente vivía ya en amplias sociedades comerciales.

La explosión de nuevas tecnologías de caza y recolección en Asia occidental hace unos 45.000 años, llamada a menudo la Revolución del Paleolítico Superior, ocurrió en un área con una gran densidad de población de cazadores-recolectores, con un cerebro colectivo mayor.

La noción de que el intercambio estimuló la innovación al reunir diferentes ideas tiene un paralelismo cercano con la evolución biológica. El proceso darwiniano por el que las criaturas cambian depende crucialmente de la reproducción sexual, que reúne mutaciones de diferentes linajes. Sin sexo, las mejores mutaciones derrotan a las segundas mejores, que se pierden para la posteridad. Con sexo, se juntan y se unen al mismo equipo. Por lo tanto, el sexo convierte a la evolución en un proceso colectivo y acumulativo en el cual cualquier individuo puede aprovecharse del acervo genético de toda la especie. Y hablando del patrimonio genético, a las especies con más genes a los que recurrir les va mejor que a las que tienen menos, de ahí la vulnerabilidad de las especies que viven en islas en la competición con las especies continentales.

Ocurre exactamente lo mismo en la evolución cultural. El comercio es a la cultura lo que el sexo a la biología. El intercambio convierte en colectivo y acumulativo al cambio cultural. Se vuelve posible recurrir a invenciones creadas en toda la sociedad, no sólo en su barrio. El ritmo de progreso cultural y económico depende del ritmo al cual las ideas están practicando sexo.

Las poblaciones densas no producen innovación en otras especies. Sólo se observa entre los seres humanos, porque sólo los seres humanos se dedican al intercambio regular de diferentes artículos entre individuos que no son pareja ni están relacionados, e incluso entre extraños. Así que aquí esta la respuesta al rompecabezas del despegue humano. Fue causado por la invención de un cerebro colectivo hecho posible por la invención del intercambio.

Cuando los seres humanos comenzaron a intercambiar cosas y pensamientos, se toparon con las divisiones del trabajo, en las cuales la especialización condujo al conocimiento colectivo mutuamente beneficioso. La especialización es el medio por el cual el intercambio promueve la innovación: al mejorar haciendo un producto u ofreciendo un servicio, el individuo crea nuevas herramientas. Desde entonces, la historia de la raza humana ha sido una diseminación gradual de especialización e intercambio: la prosperidad consiste en restringir cada vez más lo que se produce y diversificar cada vez más lo que se compra. La autosuficiencia —la subsistencia— es pobreza.

Esta teoría explica claramente porqué algunas partes del mundo —Australia, Tasmania— se quedaron atrás en su ritmo de evolución cultural después del despegue del Paleolítico Superior.

Los restos dejados por los Neandertales son prueba adicional de que el intercambio y la inteligencia colectivas son la clave del progreso humano. Casi todos sus utensilios se encuentran cerca de su área probable de origen: los Neandertales no practicaban el comercio.

Esta teoría sobre eventos antiguos ofrece una alentadora lección moderna. Dado que el progreso es inexorable, acumulativo y colectivo si los seres humanos intercambian y se especializan, entonces la globalización e Internet están destinados a asegurar un vertiginoso progreso económico en el próximo siglo, a pesar de reveses comunes como recesiones, guerras, despilfarros gubernamentales y desastres naturales.