¿Qué es el ambientalismo superficial? Las diez mentiras del discurso ecologista

558388c0En su nuevo libro, Los Mitos del Medioambiente, Sergio Federovisky denuncia todas las inconsistencias del ambientalismo y, en diálogo con Infobae, explica por qué termina siendo cómplice del deterioro del planeta

“El tema ambiental genera una profunda angustia existencial. Nos dice que el lugar en el que vivimos se va a deteriorar al punto de impedirnos vivir de la manera en que lo hacemos. Frente a esa angustia empiezan a surgir respuestas que se convierten en mitos, lugares comunes y falsas verdades que calman la desesperación, pero no resuelven el problema de fondo ni destraban el conflicto”, afirma Federovisky, biólogo especializado en ecología y periodista.

“Pero el problema tiene respuesta, por eso deberíamos despejar esos mitos y pasar a definiciones y acciones que verdaderamente nos permitan avanzar hacia las soluciones”, agrega.

Los fundamentos que llevaron a Federovisky a escribir un libro contra lo que considera unambientalismo superficial son muy claros: en 2012 se cumplieron 20 años de laECO-92, la Cumbre de la Tierra realizada en Río de Janeiro. Allí, delegaciones de108 países manifestaron sus preocupaciones por el creciente daño ambiental que estaba provocando nuestro modo de vida, y proyectaron los principales lineamientos para detener el deterioro ecológico.

Dos décadas más tarde, todos los indicadores medioambientales empeoraronnotoriamente y ninguna de esas políticas se puso en práctica.

A pesar de su fracaso, las mismas propuestas son repetidas constantemente como la solución a los graves problemas que afronta el planeta. ¿Por qué hay tanta insistencia enplanteos abstractos que no tuvieron correlato en la realidad?

El discurso ecológico cala bien en los sectores medios porque es políticamente correcto, porque no pone en riesgo las verdaderas bases del sistema. Yo lo comparo mucho con lo que ocurre con la pobreza. ¿Quién va a estar en desacuerdo discursivamente con combatirla? Ahora, una cosa es ayudar a los pobres que en definitiva siguen siendo pobres, y otra cosa es aceptar que eso implica modificar la distribución de la riqueza. Una cosa es decir que hay que reducir la contaminación y otra es que hay que cambiar la matriz productiva“, responde Federovisky.

A continuación, los diez grandes mitos del medio ambiente a la luz de su testimonio y dealgunos extractos de su libroLos Mitos del Medioambiente. Mentiras, lugares comunes, y falsas verdades.

1. Desarrollo sustentable

“Entre los mitos que originalmente podrían haber sido considerados verdades, pero que el tiempo y el uso los fue deformando, los principales son el desarrollo sustentable y la conciencia ambiental”, explica el autor.

“Evidentemente hay una intencionalidad positiva a la hora de intentar definir un modelo que tenga simultáneamente la posibilidad del crecimiento económico y de laconservación del ambiente. Es loable. El punto es que no existe y termina conformando un oxímoron. Pero eso tiene que ver con el sistema en el cual se quiere aplicar el desarrollo sustentable, porque en el capitalismo el desarrollo está asociado al crecimiento económico y al fin de lucro, por lo tanto, va anulando progresivamente la posibilidad de la sustentabilidad“, agrega.

2. Conciencia ambiental      

“Es cierto que tiene que haber conciencia para ejecutar un cambio de conducta como el que reclama una práctica ambientalmente sustentable -dice Federovisky. Pero en lugar de ser una receta se ha convertido en una coartada. Detrás de la idea de que todos somos responsables se esconde el verdadero responsable, que no da la cara. Y detrás de la idea de que lo que va a cambiar las prácticas es la conciencia, se esconde la coartada para no aplicar políticas de estado“.

“Lo ambiental depende de manera imprescindible de lo que haga el Estado -continúa-, incluso antes que de la conciencia. Tendría que haber una política que reduzca la basura, que promueva prácticas sustentables en detrimento de otras que deberían prohibirse, que subsidie una energía en detrimento de otra. Esas son políticas de estado que no se pueden esconder detrás de la necesidad de que haya conciencia”.

3. Impacto ambiental

“En términos de contaminación, al tratarse de diferentes parámetros, así como de distintos umbrales de aceptación, nadie puede establecer como dictamen certero que algo contamina sí o no, como si fueran absolutamente distinguibles los dos estados, sin admitir que a partir de la presencia de un emprendimiento industrial todo es según el color del cristal con el que se lo mire o, para ser más exactos, del límite que se adopte (…) Al no existir el impacto nulo, siempre existirá contaminación” (página 56).

“Los umbrales aceptables (o aceptados) de los distintos agentes químicos o físicos se construyen conforme a una convención (…) ¿Quién puede asegurar que tal cantidad de sustancia, que actualmente es considerada apta y permite declarar que tal emprendimiento no contamina, no será declarada cancerígena dentro de quince años?” (páginas 56 y 57).

4. Equilibrio con la naturaleza

“¿Quién dijo que debemos alcanzar un equilibrio con la naturaleza? ¿Quién dijo que estar en equilibrio es bueno por sí mismo? ¿Alguien sabe cuál es el equilibrio correcto, dado que hay tantos equilibrios como se nos ocurran o sean capaces de alcanzar ambas partes? (…) ¿El equilibrio al que aspiramos supone una sociedad ‘equilibrada’ consigo misma para poder estarlo con la naturaleza o se lo plantea sin modificar estasociedad disgregada, desigual, inequitativa, con diferencias abismales y crecientes en el acceso a los bienes que derivan de la explotación de los recursos naturales?” (página 67).

5. Crisis ecológica

“La época actual es recurrentemente identificada por la crisis ecológica. Asimismo, casi todas las situaciones de explotación de los recursos naturales son descriptas, casi por reflejo automático, como crisis ecológica. El concepto de ‘crisis ecológica’ es sobreutilizado en episodios en los que no aparece con contundencia el sustrato biológico o ecosistémico que justifique tal predicado (…) Denominando a todo como emergente de una ‘crisis ecológica’ y tiñendo la actualidad con semejante definición taxativa, flota la sensación de que se ocultan y se mantienen en un discreto segundo plano elementos que hacen al actual estado de las cosas” (página 75).

6. Minería responsable

“Los mitos que son verdaderamente mentira son la minería responsable y la soja sustentable, porque son prácticas que de manera antonomástica se oponen a la posibilidad de la sustentabilidad“, afirma el biólogo.

“Resulta impensable suponer que puede ser ambientalmente responsable una actividad que necesita volar una montaña y pasarla por una sopa química para obtener de ella un porcentaje de metal precioso que no supera el 2 por ciento de lo que era la montaña. No es posible”, agrega.

7. Soja sustentable

“Nadie puede imaginar una producción sustentable en un país como Argentina -dice-, donde el 65 por ciento de su territorio sembrado es monocultivo. Como dijo el presidente uruguayo José Pepe Mujica, a la naturaleza jamás se le ocurrió hacer un bosque de una sola especie, porque no es sustentable”.

“Podemos aceptar esas actividades como lo que son, insustentables, y discutir seriamente si el modelo de desarrollo que elige un país tiene que contemplar actividades no sustentables, en vez de mentirnos o aceptar que nos mientan con una definición que es absolutamente falaz. Yo no estoy proponiendo que no haya minería y soja por decreto, pero decidamos sabiendo la verdad”, afirma.

8. El reciclaje

“La basura provee, gracias a los buenos oficios de las organizaciones ambientalistas, uno de los mitos más instalados y quizá más necesarios de derribar, el de ‘basura cero’: un oxímoron en tiempos en que el capitalismo estimula el mayor consumoy, con él, la generación de residuos” (página 111).

“La consigna ‘basura cero’, además de inaplicable, conlleva la utopía de presuponer que puede configurarse una política sobre residuos que niegue el sistema económico en que se desarrolla la actividad de la población. Quienes postulan la lógica de ‘basura cero’ pretenden que la sociedad de consumo niegue el consumo” (página 120).

9. Las energías alternativas

“Cuando se miran los números de verdad a escala mundial se descubre que ese dios llamado ‘energías alternativas’ no tiene ninguna presencia en la realidad y apenas es testimonial: 0,2 por ciento de la energía que consume la humanidad proviene de la fuente eólica y 0,1 de la energía solar. Y eso que el planeta está lleno de viento y que, aunque no lo veamos, el sol siempre está” (página 133).

“Invirtamos en energías limpias, dicen los popes del mundo y sus efebos intelectuales, los ecologistas. ¿Es esa la salvación? ¿Puede seguir considerándose solución viable un instrumento de cuya pertinencia nadie duda pero que no ha sido puesto en práctica durante más de cuatro décadas?” (página 134).

10. Vida sana

¿Te dedicás a la ecología y fumás habanos? ¿Te importa el medio ambiente y no salís a correr? Estas son dos de las preguntas más taradas que he escuchado. Y sigo sin saber qué relación existe entre mis pulmones y el calentamiento global o entre mi abdomen y la desaparición de los arrecifes de coral” (página 176).

La crisis ambiental existe. ¿Tiene solución?

Estos mitos tienen un aspecto positivo que uno no puede soslayar. Tomás Maldonado, un argentino que vive en Milán, escribió un pequeño libro que se llamaAmbiente humano e ideología, donde dice que la cuestión ecológica es una moda y que hay que tratarla como tal. Es algo que no resuelve estructuralmente el problema, pero como toda moda, una vez que pasa deja cosas positivas en términos de cambio de conducta”, dice Federovisky.

¿Pero cómo se resuelve un problema como el ambiental, tan arraigado a nuestra organización social y al modo de vida que supone? ¿Hasta dónde pueden llegar los cambios de conducta?

“Si bien el sistema de producción es de algún modo culpable del deterioro, se puede hacer mucho dentro de sus marcos. Quizás no encontrar la solución definitiva, pero sí hacer muchas cosas. Eso depende básicamente de la existencia de políticas de estado que vayan en una dirección y castiguen la contraria”, responde el periodista.

“Si el Estado considera que está prohibido cruzar con luz roja, multa a ese que cruza con luz roja -continúa-. Así cuida el bien  común. Esto es lo miso: si entiende que la energía basada en el petróleo atenta contra el bien común porque pone en riesgo el hábitat en el que estamos a través del calentamiento global, debería tomar políticas que castiguen, sancionen o prohíban ese daño”.

“Y hay que dejar de sufrir la extorsión de que esas políticas van a atentar contra el progreso, porque uno de los debates que nos debemos en relación al medio ambiente es si esto que estamos viviendo es progreso”, concluye Federovisky.

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s