Intelectuales analizan el fenomeno del “Gangnam Style”.

Todos ensayan movimientos exacerbados al ritmo del baile del caballo. Lo más difícil no es aguantar la imagen repetida de las masas en el dance floor improvisado de la fiesta en cuestión. El problema es la hipnosis que ejercen los Marcelo Tinelli, los Carlos Monti y más conductores sin gracia, a la hora de intentar el hit mundial “Gangnam Style”. El clip bastoneado por un rapero coreano llamado Psy, que logró la búsqueda en YouTube más imponente de todos los tiempos –750 millones de visitas, por ahora–, logró convertirlo en el hit del momento y en casi una estrella internacional. Y no sólo el mundo profano se ve reflejado en el engominado muchacho bailarín. La intelectualidad también da cuenta del fenómeno musical de esta era.

El que dio el primer paso –y no del caballo– fue el célebre lingüista Noam Chomsky. Casi como Marlon Brando en Superman, el capitoste del MIT deslumbra durante unos pocos segundos en el clip que realizaron estudiantes de esa casa de altos estudios. En la parodia del video se lo ve a Chomsky sentado, dándole unos sorbos a su té, para luego depositar la taza y decir: “Oppan Chomsky style”. Cualquier desprevenido hubiera esperado la palabra sacra del profesor, exponiendo su mirada crítica sobre los medios de comunicación masiva o algún otro tema de su autoría. Para nada. “Estuve contento de pasar unos minutos con los chicos, divirtiéndome”, señaló Chomsky cuando se lo cuestionó al respecto. El editor y director del clip Eddie Ha dijo que el lingüista de 83 años aceptó al instante, y que le confesó que sus nietos adorarían verlo allí. También participaron otros profesores, entre ellos, Eric Lander, una de las principales cabezas del Proyecto Genoma Humano.

El artista inglés de origen indio Anish Kapoor también usó la canción pero, según él, para fines altruistas. Junto a 250 personas relacionadas al mundo de la cultura del Reino Unido, todos bailan al ritmo del caballo en pos de la libertad de expresión en China y en solidaridad con el artista Ai Weiwei. En una sucesión que avasalla, los grandes museos internacionales y sus caras visibles sacuden sus caderas al son coreano. Hasta el escritor paquistaní Hanif Kureishi deslumbra desde la pantalla con ritmo perfecto.

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