GUSTAVO CORDERA: “Las canciones no se venden ni a una empresa, ni a Macri, ni a Cristina Kirchner”

Gustavo Cordera no es solista ni está solo. Es parte de una caravana mágica y diversa hace ya más de dos años. La Caravana Mágica es la nueva usina de música y su “nueva familia artística”. Así describe el popular Pelado su actualidad en Facebook, definitivamente alejado de su pasado con Bersuit Vergarabat, el grupo con el que se hizo famoso. Un pasado del que quiere desconectarse de una manera saludable. Para eso se fue a vivir a La Paloma, Uruguay, y ha invertido tiempo y dinero en sesiones de terapia, constelaciones familiares y hasta rituales de sanación. “Estaba en estado de desesperación. Irme me dio la posibilidad de vaciarme de información. Es un proceso que aún estoy desarrollando, que no terminé: se trata de soltar pasado, soltar la historia. Honrarla, pero dejarla ir. Hay muchas personas que se separan y se siguen peleando con el otro, entonces el vínculo se hace más estrecho, vienen el dolor, la pelea, el reclamo. Yo prefiero recordar con amor, con agradecimiento. Lo estoy haciendo con mi pasado musical y con mi pasado en general: lo abrazo, lo celebro, pero a punto de cumplir 50 años siento que es importante despegarme un poco para encarar nuevos desafíos y estimular la creatividad. Por eso le pedí a la gente que me deje libre, que no vengan a pedir temas de Bersuit. Hoy no soy bersuitero, y la gente lo entendió. Podría usar eso para vender más entradas, podría recurrir al pasado, pero volví al under, a recitales con cien personas, fue como desparecer del mapa musical argentino. Con mi segundo álbum solista, Gustavo Cordera en la caravana mágica (que tiene muy buenas ventas; el primero, Suelto, tuvo menos repercusión), cambió la energía: llegamos al disco de oro, llenamos dos veces Niceto… Eso es un enorme triunfo porque estoy jugando en otro equipo, trabajando en cooperativa y jugando también otro campeonato.”

—¿La disolución tuvo que ver con esa sensación personal o con las diferencias con tus ex compañeros, que son públicas? ¿Qué pesó más? A mí las diferencias no me pesan. Simplemente la banda estaba en decadencia, tanto desde el punto de vista artístico como del humano. Después de veinte años, el ciclo estaba descendiendo. Yo ya lo veía hace tres años, el problema empezó a partir de que hicimos aquel River, en 2007. El último disco de Bersuit, el del signo de pregunta, editado ese año, no resonó en la gente como los anteriores. Y creativamente estábamos en una situación muy conservadora. Venía muchísima gente a vernos, ganábamos dinero… No era la situación ideal para la experimentación o emprender aventuras artísticas nuevas. Yo observé eso y hubo un intento de refundar a la banda. Nos juntamos a improvisar, pero no funcionó; estábamos muy agresivos entre nosotros, había mucha fatiga… Después de que Juan y Albertito hicieron su disco solista, me dijeron que yo también lo hiciera porque les pesaba a ellos la cantidad de composiciones que yo tenía listas para empezar a trabajar, y no había fluidez para encarar juntos ese trabajo. Pero cualquier integrante de una banda puede hacer cualquier cosa, menos el líder, porque ahí la banda entra en peligro.

—Bersuit está definitivamente terminado, entonces.

—Artísticamente, sí. Eso no quiere decir que en el futuro no podamos juntarnos para ganar dinero.

—¿Te ayudó mudarte a La Paloma para procesar un cambio tan drástico?

—Sí, completamente. Durante la crisis del 2001 empecé a pensar en irme del país. El deterioro de la ciudad, sumado al alto índice de popularidad que yo tenía con la Bersuit, me hizo sentir una necesidad de bajar un cambio. Uruguay me parecía un lugar ideal para encontrar muchas cosas que acá de perdieron. Montevideo se parece al Buenos Aires de los setenta. En la época de La argentinidad al palo (2004) entraba a un lugar y estaba todo el mundo pendiente de mis movimientos, de cada cosa que hacía. Ahí sentí una enorme presión de esa mirada que yo mismo reclamé, entonces eso me hizo pensar en un cambio.

—¿Y cómo te ves en el futuro?

Estoy haciendo un gran esfuerzo porque quiero volver a seducir: estoy dando notas, tocando en lugares chicos y pasando esta etapa porque creo en el arte, creo en la música, en el amor y en la onda. Si creyera sólo en el dinero y en el éxito, estaría otra vez en Bersuit.

—¿Qué es lo que más te interesa ahora como músico?

—La exploración. Estoy volviendo a nacer. No quiere decir que estoy en contra del dinero ni de que mis ex compañeros salgan a tocar para ganar dinero. Es más digno ganar plata haciendo música que transando o robando. Es muy generoso lo que ellos hacen y me parece bárbaro. Yo sigo sintiéndome orgulloso de no haber transado con ningún sponsor ni con ningún político cuando fui parte de esa banda. Nos ofrecieron millones para que La argentinidad al palo estuviera en una publicidad de cerveza durante el Mundial de Fútbol y dijimos que no. Las canciones no se venden ni a una empresa, ni a Macri, ni a Cristina Kirchner. Formar parte de las movidas de las intendencias y las gobernaciones para fomentar candidaturas les ha dado de comer a muchos músicos. A mí me han invitado porque saben que soy un líder de opinión. Pero yo no estoy del lado de ningún partido político, estoy de lado de la gente.

—¿Te negás entonces a tocar en cualquier concierto gratuito, o depende de quién lo organice?

—Depende de quién lo organice. En las fiesta del girasol, del novillo o de la manzana que se hacen en el interior, son cooperativas las que contratan espectáculos con los fondos que recaudan de sus asociados. Y le regalan a la gente un buen show. Si hay un rédito político explícito, prefiero no hacerlo. Toqué en Tecnópolis porque me aseguraron que no había un rédito político explícito, y comprobé que efectivamente era así. No es lo mismo ir a Tecnópolis que estar arriba de un escenario saludando con un intendente.

—¿Y lo harías gratis?

—De ninguna manera, porque tengo una estructura que me acompaña y debo sostener. Toco gratis para las Abuelas de Plaza de Mayo, ponele. Me pago el pasaje, vengo con la guitarra y toco solo, con eso no hay ningún problema.

Un comentario en “GUSTAVO CORDERA: “Las canciones no se venden ni a una empresa, ni a Macri, ni a Cristina Kirchner”

  1. como ser humano es espectacular, lo sigo poco. pero me gusta es un tipo que no se guarda nada. me gustan las letras de las canciones a partir de suelto. una entrevista importante y sincera.

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