Dedicado a Mauricio Macri: Día Internacional del Migrante

Basta de diferencias. Somos ciudadanos universales

Hoy se celebra en todo el mundo el Día Internacional del Migrante y organizaciones de derechos humanos como Human Rights Watch (HRW) quieren llamar la atención sobre la indefensión en la que se encuentra este colectivo debido a “los vacíos” en las políticas inmigratorias de muchos gobiernos.

“Los migrantes se encuentran entre aquellos en alto riesgo de sufrir abusos, pero también entre los que tienen menos probabilidades de poder acceder a servicios de ayuda o justicia”, señala Nisha Varia, investigadora principal de la División de Derechos de la Mujer de Human Rights Watch. “Muchos gobiernos empeoran la situación con políticas que agravan la discriminación y que hacen que sea incluso más difícil para los migrantes pedir ayuda a las autoridades”.

Pese a que muchas de las personas que viven fuera de sus lugares de origen ayudan con su trabajo a estimular las economías de todo el mundo, a veces son utilizados para llenar las vacantes laborales en trabajos de baja remuneración o explotados por sus patronos.

En Arabia Saudí, por ejemplo, Amnistía Internacional ha documentado los casos de empleados domésticos, en su mayoría mujeres, a los que se les hacía trabajar hasta 18 horas al día; y en algunos casos sufrían abusos sexuales y otros malos tratos.

En Senegal, Human Rights Watch ha constatado que niños pequeños procedentes de otros países son obligados a mendigar; en Costa de Marfil, forzados a ejercer la prostitución y en Kuwait, destinados a la servidumbre forzada. Una explotación y agresiones que no se atreven a denunciar ante el temor a las represalias.

Según ha podido constatar Amnistía, algunas mujeres víctimas de violación en Emiratos Árabes Unidos no denunciaban a sus agresores por “temor a que las acusaran de mantener relaciones sexuales ilícitas”.

Pero los abusos no siempre provienen de los empleadores, en los centros de detención de muchos países las agresiones forman parten del día a día. En Bahamas, un hombre denunció que le habían propinado una paliza tan brutal los funcionarios de inmigración que “había perdido varias uñas de los pies y de las manos”.

Cruzar las fronteras de manera ilegal se ha convertido también en una cuestión de vida o muerte en algunos países. En Egipto, las fuerzas de seguridad mataron a 28 personas cuando intentaban cruzar la frontera para entrar en Israel, y en enero, las autoridades tailandesas metieron a 200 hombres y niños de la minoría étnica rohingya procedentes de Birmania y Bangladesh en un barco al que se le había retirado el motor y los enviaron de nuevo a alta mar sin un destino claro y con pocas previsiones, según denuncia Amnistía Internacional en su informe anual.

“Un soldado me llevaba de la mano por el monte. Me llevó lejos de las vías del tren, estábamos solos. Me dijo que me quitara la ropa para ver si traía droga. Me dijo que me dejaba ir si hacía lo que le decía”, asegura la salvadoreña Margarita (nombre ficticio), de 27 años, violada por un soldado, y cuyo testimonio ha recogido AI.

Otros son detenidos, enviados a prisión y sometidos a un trato degradante. En Malawi, por ejemplo, algunos prisioneros etíopes fueron obligados este año a permanecer de pie durante 16 horas en una celda hacinada, en un caso registrado por HRW.

“Independientemente de si hombres, mujeres y niños cruzan las fronteras por canales apropiados o no, es inaceptable que pierdan la vida en el intento”, señala Varia. “Los gobiernos deberían avergonzarse de los controles fronterizos y políticas inmigratorias agresivas que llevan a abusos o incluso muertes, y que fallan a quienes necesitan ayuda con mayor urgencia, incluyendo a menores no acompañados, víctimas de tráfico humano y refugiados”.

El racismo y la xenofobia contra los migrantes son problemas que los gobiernos no sólo tratan con excesiva demora, sino que además agravan mediante políticas discriminatorias. En Italia, por ejemplo, el discurso político y las políticas que vinculan a los migrantes con el crimen alimentan un clima de intolerancia. Y en Francia, el Gobierno ha puesto en marcha una programa para desmantelar los asentamientos ilegales de gitanos y repatriarlos a sus países de origen, “aunque la mayoría son ciudadanos de la Unión Europea, según denuncia HRW.

Ante un panorama tan desolador, la ONU ha querido remover las conciencias de los gobiernos lanzando un mensaje contundente con motivo del Día Internacional del Migrante, que hoy se celebra. Así, su secretario general, Ban Ki-moon, ha pedido que “se aumenten los esfuerzos para proteger los derechos de estas personas, más expuestas a que se les nieguen las protecciones básicas en el ámbito laboral, las debidas garantías procesales, la seguridad personal y la atención de la salud”.

Para Amnistía Internacional y Human Rights Watch, las políticas inmigratorias son una asignatura pendiente todavía de los gobiernos a la que deben prestar especial atención durante el año que está a punto de comenzar.

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