Archivo de la categoría: FILOSOFIA BARATA Y ZAPATOS DE GOMA

Amigos eran los Amigos: Cuando una persona se enamora pierde dos amigos en promedio

Amigos eran los Amigos: Cuando una persona se enamora pierde dos amigos en promedio

Un estudio de la Universidad de Oxford aseguró que el círculo íntimo de los amantes se reduce en forma drástica cuando deciden unirse. Por qué se produce el deterioro de la amistad.

Los investigadores de esta casa de altos estudios inglesa presentaron su trabajo en el Festival de Ciencia británico en la Universidad de Aston, y estiman que en breve será de dominio público. Según sus conclusiones, cuando una persona se enamora pierde en promedio dos amigos de su círculo más cercano, que suele estar formado por una media de cinco individuos.

“Las personas que están en relaciones amorosas en lugar de tener el típico círculo de cinco (amigos) en promedio, sólo tienen cuatro”, sostuvo el profesor de Antropología evolutiva en Oxford Robin Dunbar. Y agregó: “Teniendo en cuenta que una de esas es la nueva persona que ha llegado a su vida, significa que han tenido que renunciar a otros dos” amigos.

El primer paso del trabajo fue un análisis a las actuales redes sociales. El grupo del profesor Dunbar concluyó que el círculo más íntimo de amigos que puede tener una persona está formado por entre cuatro y seis individuos, aquellos a los que se ve al menos una vez por semana y/o a los que se recurre en los tiempos de crisis.

Frente a estos resultados, se encuestó a 540 participantes mayores de 18 años sobre sus relaciones amistosas y cómo éstas cambiaron cuando se inició un vínculo romántico.

“La intimidad de una relación -y el compromiso emocional con ella- se relaciona con frecuencia con sus interacciones con otros individuos. Si no ves a tus amigos, el compromiso emocional comienza a caer muy rápidamente (…). Lo que sospecho que ocurre es que su atención está tan completamente centrada en la pareja romántica que simplemente no llegan a ver a otras personas con las que tienen mucho que ver, por lo que algunas de estas relaciones (amistosas) comienzan a deteriorarse“, explicó Dunbar, de acuerdo a lo publicado por el sitio web venezolano El Nacional.

Según dijo, al menos un familiar y un amigo dejan de tener contacto directo y constante con el integrante de la nueva pareja con el que tenían un vínculo estrecho.

Paulo Coelho y su “Valkirias”

Paulo Coelho y su “Valkirias”

El reconocido escritor Paulo Coelho acaba de lanzar Las Valkirias, un nuevo libro de Editorial Sudamericana. Confiesa que ha sido difícil de escribir porque revela episodios y sentimientos personales. Entre otras cosas, repasa dos conceptos fundamentales en su vida y en la de todos nosotros: el éxito y el fracaso.

¿Cómo vivimos el éxito y el fracaso?

Tendemos a culpabilizarnos muchísimo cuando tenemos éxito y, también, nos culpabilizamos cuando no tenemos éxito. Las culpas están siempre presentes y cuando vivimos una experiencia muy positiva, decimos: “creo que no lo merezco”. Personalmente, tuve la experiencia de pasar 40 días en el desierto y pude vivir eso, romper el ciclo de éxito-culpa, culpa –éxito. Fue muy importante para mí.
¿Y la sociedad aprendió a romper ese ciclo?

No creo  que lo hayamos aprendido. Mucha gente  asocia el sufrimiento con una bendición y el placer con la maldición. Asocian el “sí” como una bendición y el “no” como una cosa negativa. La verdad es que en esta sociedad  tenemos que decir “sí”, pero también  tenemos que decir “no”. Entonces, podremos vivir con placer y con alegría.
¿Qué lugar ocupa la religión en esos sentimientos?

Tenemos una tendencia al sacrificio, a repetir los tres días de la vida de Cristo sin llegar a la pasión. Nos olvidamos de que pasó todo el resto de su vida comiendo, bebiendo,  caminando, viajando y encontrando a la gente. Entonces, es tan fuerte el peso de la cruz que nos olvidamos de la alegría del vino y del pan.
¿Por qué destruimos siempre lo que amamos?

Destruimos lo que amamos por culpa. Creo que todos nos preguntamos: “¿lo merezco?”. Y siempre contestamos “no, no lo merezco”. Somos educados para tener culpa de todo y hay que desertar eso.
¿Cómo podemos aceptar el perdón?

Tenemos que comprender que erramos  pero que errar es de humanos. No tenemos que sentir culpa por errar, sólo se equivocan las personas que tienen el coraje  de hacer algo distinto. Hay que decir: “y, bueno, me equivoqué pero mi corazón estaba puro”. Primero te perdonás a vos mismo  y después le pedís perdón a los otros.
¿Cuál es la batalla que cada uno debe librar en su interior?

Creo que la gran batalla es con nosotros mismos. Es la batalla más difícil y más complicada, porque siempre decimos que el enemigo es el otro, nunca nosotros. Y, bueno, para vencer hay que ganar el combate con uno mismo.
¿Cómo podemos alcanzar el equilibrio en un mundo tan complejo como  el actual?

Yo no busqué el equilibrio. Alrededor nuestro hay invierno, hay verano, hay frío y hay calor. El mundo no es equilibrio y a mí no me interesa el equilibrio. Me interesa vivir caminando,  es lo que hace a la vida más interesante.

A los hombres les gustan las mujeres con pies pequeños

A los hombres les gustan las mujeres con pies pequeños

A los hombres les gustan las mujeres con pies pequeños, incluso cuando no pueden ver sus pies. Podemos discutir si este punto es cierto o no, pero un reciente estudio sobre rostros femeninos puede aclarar la cuestión.

Si el lector es varón (presumiblemente la mayoría de los lectores de esta web son varones) puede ponerse a prueba con la foto adjunta. ¿Cuál de las dos caras le parece más atractiva, la de la izquierda o la de la derecha? Tómese un tiempo para elegir antes de seguir leyendo.

Resulta que la mayoría de los hombres heterosexuales eligen a la mujer de la izquierda. Cada una de esas imágenes es una composición computacional, o morphing, hecha a partir de un promedio realizado sobre un grupo de rostros de mujeres reales.

Lo que es sorprendente es el criterio de clasificación de esos dos grupos: el tamaño de los pies. La foto de la izquierda está compuesta por un grupo de mujeres con los pies inusualmente pequeños y la de la derecha por un grupo de mujeres con pies inusualmente grandes.

Al parecer, las mujeres con pies pequeños tienen caras más bonitas, al menos según los hombres participantes en el estudio (el lector puede probar a realizar su propio estudio entre sus conocidos). Jeremy Atkinson y sus colaboradores de la Universidad de Albany (New York) han realizado estos dos morphings, que califican como los dos más notablemente distintos que han visto hasta el momento.

El grupo de Atkinson midió la longitud de las manos, de los pies, del fémur, de la cadera y de otros parámetros anatómicos de 60 estudiantes universitarias y ajustaron cada medida para tener en cuenta diferencias individuales en el tamaño promedio.

Para cada una de las 16 medidas anatómicas seleccionaron 8 mujeres con las medidas más largas y más cortas, construyendo un morphing promedio de los rostros para cada grupo.

Entonces, un conjunto de 77 varones heterosexuales puntuó el atractivo de cada uno de ellos. Los hombres fueron tres veces y media más proclives a elegir el morphing correspondiente al grupo de pies pequeños como el más atractivo frente a su contrapartida.

A diez frente a uno le parecía además más femenino. De manera similar, 11 veces más varones elegían el morphing correspondiente a las caderas más estrechas y 8 veces más varones elegían el morphing correspondiente a largos muslos frente a sus contrapartidas correspondientes.

El estudio fue presentado en el congreso sobre comportamiento humano y evolución social celebrado recientemente en Eugene (Oregón).
Atkinson cree que los hombres encuentran estas características atractivas porque sirven como indicadores de una infancia sana.

Los biólogos saben que el estrés y una nutrición pobre durante el desarrollo fetal y la infancia pueden afectar a los niveles de las hormonas sexuales y provocar una pubertad anticipada. Esto puede dejar a algunas mujeres con un fémur más corto, mientras que una infancia benigna permite que siga creciendo, alcanzándose un cuerpo más esbelto y una cara y un cuerpo más estereotípicamente femeninos que los hombres encuentran más atractivo.

La idea tiene sentido, ya que los cuerpos y los rostros están modelados por las mismas hormonas, así que en teoría se puede predecir el atractivo de una parte del cuerpo basándose en otra. Pero al contrario no se reproducen los mismos resultados.

Los investigadores hicieron lo mismo con 67 hombres y solicitaron a 82 mujeres que puntuaran el atractivo y masculinidad de los morphings obtenidos a partir de ellos.

Se basaron en el mismo tipo de medidas anatómicas. Las mujeres eligieron como más atractivo el morphing correspondiente a los hombres con el torso más ancho, pero también puntuaron como más atractivo el morphing correspondiente a muñecas pequeñas.
Según Atkins las mujeres carecen de una preferencia consistente, porque un hombre masculino y fuerte puede ser una mezcla afortunada, evolutivamente hablando.

Si una mujer van a por el macho alfa obtendrá buenos genes para su descendencia, pero quizás no tengan ayuda a la hora de criar a los niños que obtengan de él. Un hombre que no sea macho alfa, será más benefactor para su familia y, aunque no tenga tan buenos genes, puede tener más éxito reproductor al cuidar más de sus hijos.

La estrategia del macho alfa es desperdigar sus genes al máximo con la esperanza de que alguno prospere, mientras que los demás cuidarán mucho de la poca descendencia que tengan.
En este experimento el doble de mujeres juzgó que el morphing correspondiente a la muñecas gruesas era más propenso a tener sexo sin amor, pero el mismo resultado se obtenía para el morphing de muñecas pequeñas cuando se preguntaba a las mujeres sobre el mejor candidato para una relación a largo plazo.

Nota: Lic. Sanchez Vicario. (filosofia barata y zapatos de goma)

Un curioso experimento que estos investigadores no hicieron, y que el lector puede realizar, es mostrar la foto adjunta a mujeres para que juzguen su atractivo, curiosamente también prefieren el rostro de la izquierda.

¿Por qué los humanos ganaron la carrera evolutiva?

¿Por qué los humanos ganaron la carrera evolutiva?

La evolución humana presenta un rompecabezas. Nada parece explicar el repentino despegue de los últimos 45.000 años, la conversión de uno entre muchos simios depredadores en un dominador del planeta con tecnologías en constante progreso. Una vez que ese “progreso” comenzó a producir nuevas herramientas, diferentes formas de vida y florecientes poblaciones, se aceleró en todo el mundo, y culminó en la agricultura, las ciudades, el alfabetismo y todo lo demás. Sin embargo, todos los ingredientes del éxito humano —fabricación de utensilios, cerebros grandes, cultura, fuego, incluso el lenguaje— parecen haber estado presentes medio millón de años antes y, sin embargo, nada ocurrió. Durante cientos de miles de años, los utensilios se hicieron con el mismo diseño monótono y el impacto ecológico de los seres humanos fue mínimo. De repente —¡boom!— explotó la cultura, comenzando en África. ¿Por qué en ese momento, por qué allí?

La respuesta radica en una nueva idea, que proviene de la economía, conocida como inteligencia colectiva: la noción de que lo que determina la inventiva y el ritmo del cambio cultural de una población es el volumen de interacción entre individuos. Esta idea mantiene la esperanza de que la raza humana prosperará poderosamente en el futuro, porque las ideas están practicando el sexo entre ellas más que nunca.

Cuando más descubren los científicos, más grande se hace el rompecabezas de la evolución. La propia fabricación de utensilios se ha retrotraído al menos dos millones de años, y las herramientas modernas surgieron gradualmente en el espacio de 300.000 años en África. Mientras tanto, ahora sabemos que los Neandertales tenían cerebros más grandes que los nuestros y heredaron las mismas mutaciones genéticas que nos facilitan el habla. Sin embargo, a pesar de sobrevivir hasta hace 30.000 años, apenas inventaron nuevos utensilios, por ni que hablar de granjas, ciudades y dentífrico. Los Neandertales demostraron que es bastante posible ser seres humanos inteligentes e imaginativos (enterraban a sus muertos) sin experimentar progreso cultural ni económico.

Hasta ahora, los científicos han estado buscando la respuesta a este acertijo en el lugar equivocado: dentro de la cabeza humana. La mayoría esperó encontrar algún tipo de gran avance genético o neural que causó “un big bang de la conciencia humana”, una prometedora mutación para que la gente pudiera hablar, pensar o planear mejor, colocando a la raza humana en el camino de la innovación continua y exponencial.

Pero la sofisticación del mundo moderno no radica en la inteligencia individual ni en la imaginación. Es un esfuerzo colectivo. Nadie —literalmente nadie— sabe cómo hacer el lápiz que está encima de mi mesa (como indicó en una ocasión el economista Leonard Read), y mucho menos la computadora con la que estoy escribiendo. El conocimiento de cómo diseñar, extraer, sintetizar, combinar, fabricar y vender estas cosas está fragmentado entre miles, a veces millones, de mentes. Una vez se inició el progreso humano, ya no estuvo limitado por el tamaño del cerebro humano. La inteligencia se hizo colectiva y acumulativa.

En el mundo moderno, la innovación es un esfuerzo colectivo que depende del intercambio. Solemos olvidar que el comercio y la urbanización son el gran estímulo de la invención, mucho más importantes que los gobiernos, el dinero o el ingenio individual. No es coincidencia que ciudades obsesionadas con el comercio —Tiro, Atenas, Alejandría, Bagdad, Londres, Nueva York, Tokio— son los lugares donde ocurrieron la invención y el descubrimiento. Piense en ellas como si fueran cerebros colectivos bien dotados.

La agricultura fue inventada cuando la gente vivía ya en amplias sociedades comerciales.

La explosión de nuevas tecnologías de caza y recolección en Asia occidental hace unos 45.000 años, llamada a menudo la Revolución del Paleolítico Superior, ocurrió en un área con una gran densidad de población de cazadores-recolectores, con un cerebro colectivo mayor.

La noción de que el intercambio estimuló la innovación al reunir diferentes ideas tiene un paralelismo cercano con la evolución biológica. El proceso darwiniano por el que las criaturas cambian depende crucialmente de la reproducción sexual, que reúne mutaciones de diferentes linajes. Sin sexo, las mejores mutaciones derrotan a las segundas mejores, que se pierden para la posteridad. Con sexo, se juntan y se unen al mismo equipo. Por lo tanto, el sexo convierte a la evolución en un proceso colectivo y acumulativo en el cual cualquier individuo puede aprovecharse del acervo genético de toda la especie. Y hablando del patrimonio genético, a las especies con más genes a los que recurrir les va mejor que a las que tienen menos, de ahí la vulnerabilidad de las especies que viven en islas en la competición con las especies continentales.

Ocurre exactamente lo mismo en la evolución cultural. El comercio es a la cultura lo que el sexo a la biología. El intercambio convierte en colectivo y acumulativo al cambio cultural. Se vuelve posible recurrir a invenciones creadas en toda la sociedad, no sólo en su barrio. El ritmo de progreso cultural y económico depende del ritmo al cual las ideas están practicando sexo.

Las poblaciones densas no producen innovación en otras especies. Sólo se observa entre los seres humanos, porque sólo los seres humanos se dedican al intercambio regular de diferentes artículos entre individuos que no son pareja ni están relacionados, e incluso entre extraños. Así que aquí esta la respuesta al rompecabezas del despegue humano. Fue causado por la invención de un cerebro colectivo hecho posible por la invención del intercambio.

Cuando los seres humanos comenzaron a intercambiar cosas y pensamientos, se toparon con las divisiones del trabajo, en las cuales la especialización condujo al conocimiento colectivo mutuamente beneficioso. La especialización es el medio por el cual el intercambio promueve la innovación: al mejorar haciendo un producto u ofreciendo un servicio, el individuo crea nuevas herramientas. Desde entonces, la historia de la raza humana ha sido una diseminación gradual de especialización e intercambio: la prosperidad consiste en restringir cada vez más lo que se produce y diversificar cada vez más lo que se compra. La autosuficiencia —la subsistencia— es pobreza.

Esta teoría explica claramente porqué algunas partes del mundo —Australia, Tasmania— se quedaron atrás en su ritmo de evolución cultural después del despegue del Paleolítico Superior.

Los restos dejados por los Neandertales son prueba adicional de que el intercambio y la inteligencia colectivas son la clave del progreso humano. Casi todos sus utensilios se encuentran cerca de su área probable de origen: los Neandertales no practicaban el comercio.

Esta teoría sobre eventos antiguos ofrece una alentadora lección moderna. Dado que el progreso es inexorable, acumulativo y colectivo si los seres humanos intercambian y se especializan, entonces la globalización e Internet están destinados a asegurar un vertiginoso progreso económico en el próximo siglo, a pesar de reveses comunes como recesiones, guerras, despilfarros gubernamentales y desastres naturales.

Por qué nos pone nerviosos hacer la fila en McDonald´s

Por qué nos pone nerviosos hacer la fila en McDonald´s

El 31 de enero de 1990, McDonald´s abrió su primer local en la Unión Soviética , entonces el más grande del mundo. Como demuestra el video de arriba, durante los primeros meses se formaron filas de muchas cuadras de extensión frente al local de McDonald´s esperando su turno para comprar una simple hamburguesa con papas fritas y una Coca-Cola. Cada día, más pequeñas y diversas, se forman filas en todos los locales de McDonald´s del mundo y, al parecer, la gente se pone especialmente nerviosa en ellas. ¿ La razón de esos nervios? Las colas múltiples.

Si en algún momento hiciste una compra en McDonald´s, pasaste seguro por la siguiente circunstancia al acercarte al mostrador: ves varias cajas que potencialmente podrían atenderte. Hay también varias filas (algunas más largas que otras) y, casi siempre, hay una o varias cajas cerradas. Con distintas estrategias elegís una cola y esperás. En tu espera descubrís que la fila de al lado va más rápido o sucede algo peor, repentinamente una caja que estaba cerrada se abre y la gente aparece de todas partes y te gana el turno. Eso te fastidia tanto, pero tanto, como casi ninguna cosa en el mundo.

Richard Larson del MIT (un ingeniero que es una autoridad mundial en la lógica social de las colas), asegura que todas las grandes empresas -desde bancos hasta casas de comidas rápidas- han pasado de sistemas de múltiples colas a la fila única y serpenteante, porque sus clientes la prefieren.

Al parecer, la estrategia de McDonald´s resulta verdaderamente más eficaz para atender al público, es decir, la mayoría de la gente llega más rápido a hacer y recibir su pedido. Pero el público se pone más nervioso y prefiere (según Larson) una fila única. ¿Por qué? “Justicia social, dice Larson en el libro Tráfico . “Con la cola única serpenteante tenemos garantizado que el primero en llegar será el primero en ser servido. Con las colas múltiples pasa lo que se ven e los McDonald´s a la hora de comer. Pasa el estrés de sumarse a una cola con muchas probabilidades de que alguien que se ha puesto al lado sea atendido antes que tú”.

McDonald´s no es el único lugar donde nos enfrentamos a las filas y a los nervios que ellas producen. Los supermercados, los bancos y las autopistas nos dan grandes dosis diarias de esperas en fila, uno detrás del otro. Hacemos tantas veces fila por día, que ya no nos damos cuenta que estamos en una. Vivimos haciendo cola por una cosa o por otra. Es mejor si otros están peor.

Un estudio sobre la psicología de las colas realizado por la oficina de correos en Hong Kong, demostró un lado bastante miserable de la condición humana. A primera vista se podría pensar que el factor de inquietud más importante de una fila es la gente que tenemos adelante nuestro, que en definitiva determina cuánto tiempo tenemos que esperar. Pero el estudio hecho en Hong Kong reveló que “cuantas más personas haya detrás de alguien que hace cola, menos probable será que ésta persona se fastidie”. Es decir, parece que nos importa más cuánto peor están los otros que están destrás nuestro que el tiempo de espera verdadero. Según este estudio podría ser más confortable estar en una fila con 100 personas adelante y 1000 atrás, que estar con 100 personas adelante y ninguna detrás.

Haciendo guardia en fila

En Argentina los fines de semana la gente se agolpa formando larguísimas filas en supermercados y casas de electrodomésticos para adquirir alguna promoción o beneficiarse con descuentos que las tarjetas de crédito otorgan un una u otra cadena. Pero no se ven filas formadas durante horas esperando la apertura de un local, como si sucede en Estados Unidos en muchas circunstancias: Ventas de Navidad, lanzamientos tecnológicos, de libros o películas, promociones extraordinarias… En esos casos se pueden formar filas que acampan uno o varios días antes frente a los locales. El siguiente informe explica cómo los especialistas de marketing interpretan misteriosas motivaciones de los clientes y utilizan a las filas casi como verdaderos carteles de venta:

La psicología de la fila

El especialista en marketing David Maister se ocupa de lo que nos pasa en la mente mientras hacemos filas en uno de sus artículos titulado The Psychology of Waiting Lines . Allí se considera a las filas como una forma específica de la espera en la que somos particularmente sensibles a ponernos muy nerviosos por mínimos detalles. Una síntesis de las observaciones de Maister:

  • El tiempo ocupado se experimenta como más corto que el tiempo ocioso.

 

No todas las filas están formadas por personas una detrás de otra. Hay algunas filas que son invisibles, auque tan rígidas como las otras. Un caso es el orden de atención en los restaurantes, donde estamos formando fila, pero de una manera dispersa. En esos casos muchos restaurantes descubrieron que repartiendo los menús mientras el cliente espera acorta la percepción del tiempo luego. Estar eligiendo mientras estamos esperando es mejor que estar esperando solamente.

  • La gente quiere empezar

 

Nadie quiere esperar. En algunos restaurantes, por ejemplo, entregan bebidas o toman rápidamente el pedido de bebidas para expresar que el servicio ha empezado. En palabras de Maister estas acciones funcionan como decirle a la gente “Sabemos que estás aquí”.

  • La ansiedad hace que la espera parezca más larga

 

Hacemos innumerables observaciones para elegir una línea de caja en el supermercado. Al final elegimos una línea e inexorablemente notaremos (o creeremos notar) que las otras se mueven más rápido. Esta percepción produce un altísimo nivel de ansiedad que nos hace sentir que la espera es intolerable.Una clave es que nos ayuden a reducir los momentos de ansiedad, que nos distraigan y entretengan mientras esperamos (afortunadamente, más allá de lo que hagan otros, existen los teléfonos celulares para suministrarnos nuestro propio ansiolítico).

Filas de palabras

En cierta forma leer es como hacer una larga fila. Tenemos que esperar que las palabras pasen una por una delante de nuestros ojos. Esa podría ser la razón que explique porqué algunos textos extensos nos ponen ansiosos y saltamos por ellos buscando una estrategia para alcanzar el sentido de una manera más corta, igual que hacemos en el supermercado o McDonald´s buscando la caja más rápida. Tal vez siguiendo las enseñanzas de Maister traté de entretenerte mientras esperabas llegar hasta acá. Puse videos, puse fotos, puse encuestas; porque como en todas las filas, el desafío no es llegar más rápido al final, sino hacerlo más calmo.

Los hombres se enamoran cuando tienen mucho sexo con la misma mujer

Los hombres se enamoran cuando tienen mucho sexo con la misma mujer

Nota: Lic. Sanchez Vicario

El mito que planteaba que a los hombres se los conquista por el estómago puede haber llegado a su fin gracias a una investigación de la neuropsiquiatra Louann Brizendine. Según relata la especialista en su libro, durante el orgasmo el circuito sexual masculino dispara una hormona llamada dopamina que activa el sistema de recompensa en el cerebro.

Conforme el acto se repite con la misma mujer, la parte sexual de la experiencia se apega cada vez más a una mujer en particular, situación que puede despertar sentimientos amorosos. Sin embargo y para desgracia de la platea femenina, no todos los hombres experimentan esta situación.

El tamaño del gen receptor (vasopresina) determina la tendencia psicológica a mantener un compromiso. Según los estudios realizados, los hombres que poseen el gen más largo son propensos a casarse.

Por otra parte, la investigación también determinó que los hombres piensan en sexo tres veces más que las mujeres. Esto se debe a que la zona destinada para el ejercicio de la sexualidad es dos veces y media mayor en los hombres que en las mujeres.

Esto se debe a que el cerebro masculino posee un área cerebral interesada en el sexo que supera 2.5 veces a la femenina. El condicionamiento de la conducta del hombre eleva, además, los niveles de testosterona que estimulan al hombre cuando mira a una mujer atractiva.

Qué es ser buena persona. Por Alejandro Rozitchner

Qué es ser buena persona. Por Alejandro Rozitchner

En la misma línea en la que a tantos argentinos nos parece que abogar por el respeto de las instituciones es cosa de afrancesados, el ser buena persona es una caracterización que resulta poco seductora. ¿Quién quiere ser una buena persona? Sobre todo cuando joven, uno quiere muchas otras cosas antes que esa: prefiere ser exitoso, fuerte, inteligente, poderoso, famoso, tener talento y/o belleza, pero, ¿hay cosa menos atractiva que ser bueno?

La versión clásica de la buena persona es responsable de algunas de estas asociaciones negativas. Para la moral convencional, el bueno es el que renuncia a sí y se entrega. El que hace acciones desinteresadas, el que no se toma en cuenta. Por suerte, en nuestra época psicológicamente más esclarecida, entendemos mejor la vida y el movimiento de las personalidades, y sabemos que el desinterés de una persona por sí misma es una patología y no un valor moral. La buena persona es la que tiene entre sus intereses algo que la liga a otros de una manera profunda y directa, es decir, no quien renuncia a sí, sino la que encuentra en su interés (en su satisfacción y su contento) incluida la plenitud del otro. La quiere, la necesita, le gusta.

Por eso, una mirada más atenta reconoce en el ser bueno más que una prueba de debilidad un perfil básico y superior. Es el piso de toda vida íntima feliz (¿acaso hay mayor felicidad que el encuentro con otros?) y a la vez el sustento de la sociedad lograda. Ser buena persona es la demostración de la mayor fuerza: uno está bien en sí mismo y proyecta su fuerza en el deseo de ver crecer a los demás.

¿Qué es ser buena persona? Desear el desarrollo. Por mero amor de lo que es, por cuidado y aceptación, por regocijo existencial. No es que el bueno quiera que las cosas crezcan, porque sí. El bueno siente amor, tiene habilitada en su sensibilidad la experiencia del amor, dirige ese amor hacia las cosas y las personas, y encuentra siempre procesos de crecimiento. Las personas no somos entidades definidas y estáticas, somos siempre procesos de crecimiento. Querer a alguien no es apretarlo fuerte, es favorecer su despliegue. Tampoco los proyectos son situaciones estables, logradas y permanentes: son procesos de movimiento, de cambio, y el cambio es siempre crecimiento. Sí, aun cuando en la línea del proceso esté nuestra muerte. En ese caso no será nuestro el crecimiento, pero la muerte implica siempre el crecimiento de otros. (No está mal pensar que las muertes bien queridas promueven crecimientos: dejan el lugar, establecen nuevas libertades, zanjan cuestiones y permiten seguir el viaje).

Tenemos que ajustar la mirada. Tenemos que dejar de pensar que el bueno es un imbécil que se deja pasar. El bueno es un poderoso que se da los mayores placeres de la existencia: el amor, el sexo que le va asociado (hay que aclararlo, para que no parezca que el bueno es célibe, según una tradición anticuada), el entusiasmo de estar en el mundo y recibir su luz, alguien que disfruta siendo y ayudando a ser, alguien enamorado de la evolución propia y ajena . El bueno es excitante porque su amor alienta el desarrollo y el desarrollo despierta y excita.

Y no se trata de un ideal, es una realidad posible. Pensar que ser bueno es un ideal es dejarlo para otro momento. Hacer de la bondad un ideal equivale a situarse en una filosofía escéptica, aquella que cree que el mundo es pérfido y la realidad exige una crudeza inflexible. La bondad es algo para nosotros, no para los santos. Ni siquiera habría que decir bondad. Es mejor sacar al tema del plano abstracto del bien y del mal, y llevarlo al más concreto y perceptible, el de las buenas o malas personas, hacerlo carne y modos de ser.

Y tampoco se trata de un deber, así no funciona. No se educa para el bien diciéndole a los chicos mil veces que deben ser buenos. De esa forma se los aburre y se pone en escena una impostura moral. Se plantea al ser buena persona como un recorte, cuando ella surge más bien de lo contrario, de la afirmación vital y la expansión propia. Para formar buenos hay que estimular la libertad, la confianza en el querer propio, el enganche de la aventura personal con las posibilidades de la existencia. Ser buena persona no es vivir decepcionado frente a un mundo cruel, es disfrutar de la existencia y contagiar ese disfrute cierto como una orientación permanente.

Libertad. La bondad falta cuando la libertad escasea: en las familias o instituciones cerradas se generan los monstruos, o en mundos humanos deshabitados, abandonados o carentes de calidez. Para generar buenas personas hace falta libertad e intimidad, no recriminaciones morales ni abstinencia alguna. Intimidad quiere decir que la persona en cuestión haya tenido cercanía extrema con alguien, que haya sido querido y tenga por eso habilitada la experiencia del mundo. La sensibilidad despierta con el amor, y el amor no es algo triste, es alegría y encuentro.

Además, el bueno no es bueno todo el tiempo, no vive en un mundo simple, no es modelo de conducta sino constante superación de contratiempos. Nuestra caracterización del bueno como simplón también está ligada con morales pobres y pobristas, que en vez de tener en cuenta las complejidades de la vida real piensa usando estampitas.

Y también es cierto que nadie es bueno o malo del todo, que todos somos, como le enseñamos a nuestros hijos, un poquito buenos y un poquito malos, que eso es ser una persona normal, integrada, ambivalente. Aun así, no es maniqueísmo captar el predominio, en las personalidades a las que describimos como buenas personas, del factor amoroso por sobre el desencantado. No es maniqueísmo creer que los buenos existen, y que hay otros que distan de serlo. Sí, claro que podríamos poner en duda la categoría de buena persona y relativizarlo todo, pero también podemos, más inteligentemente, hacer un acuerdo básico y sencillo, operativo, que nos permita (y ese es el objetivo de pensar estas cuestiones) ser más eficaces en la promoción de las buenas personas.

Que el que lo sea se sienta meritorio y no tarado. Que el que quiera identificar a las buenas personas tenga un ojo entrenado, trucos para lograrlo, entendiendo mejor de qué se trata. Que quien esté armando un equipo de trabajo reconozca este factor básico. Que quien vote este atento a este registro humano fundamental y ayude a que el país mejore.

El ser humano moderno ha sido generalmente monógamo

El ser humano moderno ha sido generalmente monógamo
¿Han contribuido las mujeres de igual forma que los hombres en el linaje de las poblaciones contemporáneas? ¿Cómo fueron nuestros ancestros, Homo sapiens: más propicios a la poligamia o más propicios a la monogamia?

Para dar respuesta a estas preguntas, un investigador de la Universidad de Montreal llamado Damian Labuda, ha dirigido a un equipo que analizó los datos genómicos (de las genes en las células reproductivas) de tres muestras de población de origen europeo, asiático y africano.

Los resultados de la investigación, que han aparecido publicados en The American Journal of Human Genetics sugieren que el Homo Sapiens o humano moderno ha sido, en general, monógamo, aunque en ciertos momentos de su historia evolutiva ha mostrado cierta tendencia a la poligamia.

Novedoso método de análisis

Según se explica en un comunicado emitido por la Universidad de Montreal, para la presente investigación se utilizó un novedoso método de análisis genético.

Para estimar la ratio de reproducción de cada uno de los sexos a partir de los datos genómicos, los investigadores aplicaron un sistema que aprovecha el hecho de que las mujeres porten dos cromosomas X, mientras que los hombres sólo portan un cromosoma X.

En consecuencia, durante el proceso de recombinación, los cromosomas X no pueden intercambiar su información genética más que con las mujeres. Esto ocasiona un exceso de señales genéticas vinculadas a una mayor procreación femenina (que la procreación de los varones), un exceso que puede ser científicamente cuantificado.

Este método parece ser más fiable que otros métodos de medición precedentes, y permitirá medir la ratio de reproducción por sexos en cualquier especie cuyos datos sobre diversidad genética se encuentren disponibles.

Distinta tasa reproductiva

Según los científicos, cuando una población es estrictamente monógama, cabe esperar que se produzca la misma tasa de reproducción tanto en hombres como en mujeres (un hijo de hombre por cada hijo de mujer).

Por el contrario, en una población en que los hombres tienden a tener más de una pareja, las mujeres contribuyen más a la reproducción que los hombres y, por tanto, la tasa de reproducción entre sexos no es igualitaria.

Los resultados obtenidos a partir del análisis de los datos genómicos estudiados señalan que dicha tasa fue de 1.1 (un hijo por hombre y un hijo por mujer) en las poblaciones de origen asiático, de 1.3 (un hijo por hombre y tres hijos por mujer) en las poblaciones de origen europeo y de 1.4 (un hijo por hombre y cuatro hijos por mujer) en las poblaciones de origen africano.

Es decir, que el hombre moderno ha sido generalmente monógamo, pero también ha mostrado ciertas tendencias polígamas a lo largo de su evolución.

Labuda señala, por otra parte, que los resultados obtenidos permiten comprender mejor la estructura genética de las poblaciones, y demuestran una vez más la importancia de la genómica de las poblaciones en epidemiología genética.

Ser capaces de analizar la ratio hombre-mujer en la historia de la reproducción humana proporciona, en definitiva, nuevas explicaciones sobre la evolución de nuestra especie.

Monogamia como patrón dominante

Según los investigadores, esta constatación sobre la monogamia, realizada a nivel genómico, coincide con las realizadas por otros estudios en los terrenos de la psicología evolutiva y de la antropología.

Al parecer, un aspecto de la sexualidad del hombre moderno habría sido el de la tendencia a crear formas de vida en común, de organización social, basadas en la pareja y en la familia.

Nota: Lic. Sanchez Vicario (Filosofia barata y Zapatos de Goma)

Esta tendencia se ha mantenido incluso en nuestros tiempos, tal y como constató en 2006 un estudio realizado en 59 países de todo el mundo acerca el comportamiento sexual de los humanos.

Los resultados de esta investigación, llevada a cabo por científicos de la London School of Hygiene & Tropical Medicine, revelaron que la monogamia sigue siendo el patrón dominante en la mayoría de las regiones del planeta.

Por qué “no hay” futbolistas homosexuales

Por qué “no hay” futbolistas homosexuales

Un beso. Un beso más en la pantalla. Pero no como cualquier otro. La semana pasada, durante un capítulo de Botineras, Manuel, interpretado por el modelo y actor Christian Sancho, se besó con Lalo, interpretado por Ezequiel Castaño. No debería extrañar: hace mucho tiempo que las relaciones gay se naturalizaron en las tramas de las producciones de la pantalla chica.

Sin embargo, Manuel y Lalo son futbolistas. Juegan en Deportivo Cristal. Un equipo de la primera A. Entonces: alto. ¿Futbolistas homosexuales? ¿Es Botineras una serie de ciencia ficción? Debido a la nula existencia de futbolistas profesionales que hayan admitido ser gays, podría afirmarse esa hipótesis.

Sin embargo, se sabe que, como las brujas, que los hay, los hay. ¿Qué elemento social no permite que el camino andado por la comunidad argentina –que ha avanzado mucho respecto de la aceptación de las diversas formas de vivir la sexualidad– se repita en el ámbito del fútbol?

Para Diego “Chavo” Fucks, periodista deportivo y panelista de Duro de domar, el fútbol “es un ambiente cerrado, machista, donde a veces se aloja lo peor que tenemos”.

–¿Conoce casos de futbolistas que hayan admitido su orientación sexual?

–Es difícil. Hace diez años Passarella dijo que no permitiría un jugador gay en un equipo que él dirigiera. Conocí sólo dos casos: uno de un jugador de la década del sesenta.

El otro se refiere a una persona que jugó en grandes equipos e incluso en Europa que, cuando estuvo en un equipo del interior y ante los rumores que corrían, un día se presentó en una práctica junto a otro hombre y les dijo a sus compañeros: “Él es mi pareja. ¿Alguno tiene algún problema?”. Le preguntaron si era gay y se sacaron algunas dudas en el momento, pero después lo respetaron mucho y nadie hizo problemas. Pero dependió sobre todo de la valentía de ese jugador.

En general creo que el ambiente del fútbol no está preparado, todavía, para aceptar que alguno de los suyos admita su homosexualidad. Claro que corren rumores, pero sólo conozco esos dos casos fehacientemente. –¿Los directores técnicos se bancarían tener entre sus jugadores a uno abiertamente gay? –Creo que no, a menos que haya alguno con la preparación de Marcelo Bielsa.

Creo que allí está la cuestión: la mayoría de los jugadores no abre su mente formándose en otros ámbitos que no sean los del fútbol. Esto reproduce una situación de cerrazón y conservadurismo. Oscar Mangione, psicólogo deportivo que prestó servicios en el equipo de Boca Juniors y que está escribiendo un libro sobre las relaciones entre jugadores y modelos, coincide con el periodista. “El fútbol es un espacio donde la cuestión homosexual no se va a comentar abiertamente: se trata de un bastión de la masculinidad expresada de forma chauvinista.

Esta situación se reproduce en otras instituciones de características similares, por ejemplo, el ejército. Claro que allí también hay gays, pero que lo digan significaría una catástrofe para quien lo admita.” –¿No es estadísticamente necesario que existan gays en la primera división? –Si bien tienen que existir y, de hecho, existen, creo que debe haber muchos menos gays en el ámbito del fútbol que en la generalidad social.

Del mismo modo que los porcentajes de homosexuales son mayores en un ballet, por ejemplo. En estos grupos existen tendencias que no sirven de modelos identificatorios. Existen prácticas homosexuales en un ambiente donde lo farandulístico lleva a que, muchas veces, se tenga, por ejemplo, sexo con travestis. Pero quienes lo ejercen no consideran que sea sexo homosexual, sino un divertimento. Es un ambiente donde los modelos identificatorios no son proclives a un modelo gay. –Sin embargo, hay gays en las canchas. –En el fútbol existen muchas personas que tratan de estructurarse como heterosexuales, pero que descubren su homosexualidad en el transcurso de su vida. Y se puede tolerar que existan sin que lo digan.

Si se llega a saber, se produce una reacción de intolerancia, existe un rechazo muy grande a aceptar pluralidades. –¿Conoció homosexuales en su práctica como psicólogo deportivo? –Claro. Pero me lo plantearon en el tratamiento clínico. Los jugadores homosexuales lo guardan como un secreto bajo siete llaves. Sus compañeros no lo saben nunca. Hay un temor reverencial a ser visto como un ser “femenino”.

Y eso que es un ambiente donde lo homosexual es una tendencia que inunda las concentraciones. Pero esas tendencias son expiadas hacia afuera. El fútbol atrasa un poquito bastante respecto de lo que pasa en la sociedad en general. Veintitrés intentó consultar a varios jugadores respecto del tema. Sin embargo, cuando se revelaba el tópico de la nota, todos, menos uno, declinaron hablar.

Para Facundo Sava, jugador de Quilmes, tener compañeros homosexuales no supondría un problema: “Te hablo por mí, pero yo no tengo ningún inconveniente con la orientación sexual de ninguna persona, ni en el ambiente futbolístico ni en ningún otro ambiente”. –En otros ambientes hay una apertura que antes este tema no tenía. ¿Pasaría algo así en el fútbol? ¿Está preparada la comunidad futbolística para aceptar a un jugador que admita abiertamente su homosexualidad? –Es un ambiente como cualquier otro de la sociedad, así que estimo que está tan preparado como la sociedad misma.

–Sin embargo, no existen futbolistas que admitan su homosexualidad. ¿Hay poco porcentaje de gays en el fútbol? ¿Tienen temor de revelar su orientación sexual? –La verdad, no es un tema que haya pensado ni me plantee pensar. Como se observa, al parecer es una cuestión difícil de tratar, incluso con quienes se animan a hacerlo.

A pesar de los picos entre Caniggia y Maradona o el beso inaugural en la televisión de los futbolistas gays que se emitió en Botineras, el camino que supo recorrer la sociedad para aceptar (con las limitaciones que todavía ostenta) las distintas formas de ejercer el amor y la sexualidad todavía no se cristaliza en los estadios, las concentraciones, los entrenamientos.

Sin embargo, todo llega. Seguramente falta un tiempo, pero el fútbol es parte de la sociedad y, más tarde o más temprano, acompañará sus movimientos.

QUE TIENE ARJONA QUE GUSTA TANTO

QUE TIENE ARJONA QUE GUSTA TANTO

Cómo es posible que alguien que le canta a la mujer sin sortear ni uno de los prejuicios más remanidos, los clichés más machistas y retrógrados, cuente con la admiración de un público mayoritariamente femenino? Los atentados al género cobran rima en casi todas sus canciones. Parece que Arjona se ocupara de señalar los presupuestos más denigrantes para luego lamer las heridas de lo que él mismo acaba de poner en verso. ¿Cómo lo hace?

En una canción se vanagloria de haberse enamorado de la fea, la inteligente, a la que ni le hacen lugar en el colectivo (?), en otra confiesa de que a pesar de que tuvo sexo mil veces, recién “hace el amor” cuando consigue llevarse una virgen a la cama mientras que en otra arenga a no abortar porque el mundo se pueda quedar sin un trovador como él.

Arjona arrasa presentándose como el candiadato ideal para agregarle vida a los años de la señora de las cuatro décadas, y como todo currículum ofrece, que es “un diez años menor”.

Conquistar la admiración de las mujeres rimando sobre las manchas de su menstruación, su condición de vientre gestante, insistiendo con aquello de que salieron de una costilla, haciendo un panegírico de su histeria pidiendo que le digan que no y que lo acompañen a estar solo, parece una tarea descabellada o anacrónica. Sin embargo 30 estadios dicen que no lo es.

Cuando creer es un modo de dejarse manipular

Cuando creer es un modo de dejarse manipular

Los abusos sexuales del clero católico, que se convirtieron en noticia casi diaria, pueden ser vistos como el síntoma máximo de una enfermedad mucho más compleja: la manipulación espiritual.

Un mal que afecta a miles de fieles bienintenciados de todo el mundo y de toda religión que pierden, como mínimo, el tiempo, su dinero y, quizá su fe, y como máximo son víctimas de abusos mayores. Pero ¿cómo descubrir hasta dónde uno vive su fe de forma sana, y hasta dónde interviene como eslabón en una cadena de explotación psicológica?

En Intoxicados por la fe, su último libro, Bernardo Stamateas, pastor, sexólogo y teólogo best seller, identifica dieciocho clases de espiritualidades nocivas, que echan manos a viejas culpas y crean, en lugar de seguidores, adictos serviles. Antes de largarse a investigar, Stamateas apeló a sus seguidores: quiso que les enviaran sus propias experiencias de fe tóxica.

En un día, dice, aterrizaron 1.500 e-mails. “Venía mucha gente que me decía que la religión la había lastimado”, cuenta Stamateas a Crítica de la Argentina. “A uno que se le había muerto el papá le dijeron que era el castigo que le dio Dios porque no tuvo fe. A otro, que le había diagnosticado cáncer, le dijeron que le sucedía porque es lo que Dios le dio para creer. A un fiel que había perdido su hija, le dijeron que era tan linda flor que Dios se la llevó para su jardín. Paralelamente, a mucha gente la fe le sirvió para recuperar su familia, su autoestima.

Así que mi objetivo es mostrar cuáles son los elementos de la fe que dañan. Y el peor es cuando la religión te achica la mente y te lleva al fanatismo”.

Los homosexuales son ideales para criar niños

Los homosexuales son ideales para criar niños

Nota: Lic. Sanchez Vicario (Filosofia barata y zapatos de goma)

Especialistas de distintas universidades españolas realizaron un estudio en el que revelaron que las parejas homosexuales ofrecen un ambiente familiar “excelente” para la crianza de los niños porque fomentan la educación de valores como la tolerancia.

Enrique Arranz, uno de los autores y catedrático de Psicología Evolutiva de la Universidad del País Vasco, explicó que las parejas de igual género se destacan por la implicación de ambos en la educación, aunque temen por el rechazo social.

Los especialistas llegaron a la conclusión de que el modelo tradicional de familia “ni es el mejor para el desarrollo psicológico de los niños ni se puede imponer”, sino que los hijos que crecen con menores desajustes personales son los que “sufren menos momentos vitales estresantes y, en general, una mejor calidad de las relaciones familiares”.

Arranz explicó que la comparación de la calidad del entorno familiar destaca la “excelente evaluación que lograron las parejas de homosexuales, las cuales mayoritariamente son de mujeres, con buena solvencia económica, grandes deseos de ser madres y que dedican mucho tiempo a su hijo, que suele ser único”.

El estudio también contó con la colaboración con la Universidad de Sevilla y el asesoramiento de la Universidad de Cambridge, sobre el desarrollo psicológico de niños y adolescentes en las nuevas estructuras familiares.  Se realizó a través de entrevistas con progenitores y niños correspondientes a 214 familias tradicionales, monoparentales, homoparentales, reconstituidas de familias anteriores y familias con hijos provenientes de partos múltiples y adoptados.

Los niños criados en ese ambiente familiar, según el relevamiento, son “los más ajustados” psicológicamente, con un entorno estimulante que favorece su desarrollo y con menos conflictos trascendentales en su vida, aunque estas familias “viven con miedo al rechazo social”.

Por el contrario, el estudio resalta que son los hijos de familias reconstituidas los que presentan “más desajustes” debido a que “han experimentado un mayor número” de acontecimientos estresantes, que han vivido la ruptura de su anterior familia y después deben aprender a convivir con los nuevos miembros.