Cada seis de enero era la misma historia: que el pastito en los zapatitos, que el agua, que toda la mentira de que viene los reyes.
Supongo que en todas partes del mundo, esta situaciones se dan alrededor del mundo, siguiendo este ritual paso a paso y amaneci al día siguiente con el regalo en la puerta porque los Reyes Magos pasaron por mi casa.
Pero a medida que uno crece, los padres se ven mas complicados en reconocer a sus hijos algo no menor: que nos mintieron.
No solo me mintieron con los Reyes Magos sino tambien con Papa Noel, que todo es por obra de mamá y papá que, con cariño, dejaban un paquetito y movían el pasto como si hubieran sido los camellos, todo para mantener la ilusión.
Recuerdo haber tenido una tristeza, no el momento exacto de como me entere. pero si la sensacion que vivi, y no fue de muy chico para colmo, debo reconocerlo. Tengo una imagen que fue un amigo, antes de ir a jugar a la plaza a la pelota, pero a esta altura uno puede crear situaciones y darle un tono mas melancolico a la situacion.
Más allá de la cuestión material, de los regalos recibidos, la expectativa era grande, sabia que era el dia que me traian lo que mis padres me hicieron escribir, pasarme casi la noche completa a medio ojo abierto esperandolos, con lo que me habian extorsionado para que me portara bien porque sino ni pasaba por mi casa, pero cuando me dormia profundamente, sorpresivamente ellos llegaban.
“Esa sensacion si que era algo mágico”, no muchas veces la pude experimentar de grande pero como todo en la vida, creo que fue mi primera gran desilucion de las que despues me toco vivir.
La mentira tiene patas cortas solian decirme de chico, pero lo que me decian, fueron los que me hicieron creer otra realidad, y nadie se hizo cargo, desde ahi me sentenciaron a dejar de creer.
Ya vienen los Reyes Magos
caminito de Belén.
Traen sin duda regalos
a los que se portan bien.
Y es que hoy ya “son los Reyes”.
Esta noche pasarán
como siempre lo hacen, siempre,
al final de Navidad.
Yo llevo ya varios días
nervioso a todas las horas
y no oculto mi alegría
por lo que pronto me aborda:
Que los tres Magos de Oriente,
Melchor… Gaspar… Baltasar…
me traerán los presentes
y es que ya no aguanto más.
A ponerles mis zapatos
justo bajo la ventana
para que sepan, acaso,
donde dejar los Monarcas
mis regalos deseados.
Un turrón y un anisete
para los tres Reyes Magos,
como les dejo yo siempre
que deben llegar cansados;
y a los camellos, la leche,
(y a veces un mantecado)
que la pongo bien caliente
y servida en un buen plato.
Todo muy bien recogido,
con el salón ordenado,
que no les falte un buen sitio
a cualquiera de los Magos
para los regalos míos.
Y la ventana entreabierta
para que puedan entrar
porque lo que son las rejas,
aunque no sé como lo harán,
nunca les crean problemas
ni les impiden entrar.
Me acostaré muy temprano
no sea que ellos me pillen
y no me dejen regalos
por llegar a descubrirles…
…Me levanto muy temprano
cuando casi aún es noche
para ver si mis regalos
me han traído los tres Magos
con tanto esfuerzo los pobres.
Y allí, bajo la ventana,
donde dejé mis zapatos,
entre globos y en sus cajas
están todos mis regalos
como escribí yo en mi carta.
Que ilusión abrirlos todos,
que locura de papeles,
sin poder abrir los ojos
por la luz, que ya amanece;
los contemplo con asombro
y sin saber contenerme
la emoción, yo casi lloro
por lo que me traen los Reyes.
Quizá lo que aquí relato
no sea real del todo
para adultos muy sensatos
que ya no son unos mozos
pero sólo al recordarlo
me emociono de tal modo
que pasa de ser pasado
a ser presente, de pronto.
Y es que los que somos padres
tenemos la gran ventaja
de vivir las Navidades
como en las eras pasadas,
vividas como los niños,
con ilusión infinita,
por los ojos de los hijos
a los que dimos la vida
y que desde entonces mismo
dan sentido a nuestras vidas.
Y es que los ojos de un niño
una mañana de Reyes
hacen que pase al olvido
cualquier disgusto presente:
Esa expresión de sorpresa,
de alegría contenida
que, de repente, se expresa
en una nerviosa risa;
esa mirada sincera
que dice cosas sentidas
porque no sabe, de veras,
decir con ella mentiras;
esas dos manos inquietas
que se mueven pequeñitas
pero de forma certera
y con inmensa alegría;
esas palabras tan llenas
aunque pocas cosas digan
“Mira Mamá, mira ésta…
Y mira aquí, Papá, mira”;
Ése es mi mejor regalo,
aunque suene a cosa dicha
por muchos en el pasado,
y es ver como mis dos niñas
disfrutan los Reyes Magos.
QUiero mi regalitooooooooo!